Carta de un Coach al Presidente

Sr. Presidente,

Me dirijo a usted a los fines de acercarle algunas percepciones acerca de su manifiesta incomodidad acerca de la disciplina del Coaching (ejecutivo, organizacional, empresarial, ontológico, etc.), que ya ha reiterado en alguna otra oportunidad. Entiendo en primer lugar, que probablemente su concepto está más dirigido a la oposición que a la profesión misma, dado que el anterior presidente tuvo claras influencias de su entonces conocido asesor, que no es Coach.

También señor presidente, debo reconocer, como en la política, que a veces “cualquiera” se autodenomina Coach. No hace falta ampliar. En cuanto al Coaching y sus distintas aplicaciones, hay muchas herramientas que serían de enorme utilidad para personas como usted que ocupan cargos tan importantes. 

Lo primero que quiero decirle es que un buen Coach no le dice lo que tiene que hacer a nadie. Si fuera así, hablaríamos de asesores no de Coaches, ya que nosotros basamos nuestra profesión en el aprendizaje mutuo: aprender a descubrir qué recursos necesita el consultante para alcanzar sus objetivos, metas. Para ello es esencial diseñar un propósito claro, medible, específico. ¿Se imagina qué importante sería para la gente saber a donde vamos? ¿Y poder comunicarlo de una manera clara y contundente?

Un Coach fundamenta la importancia de una buena comunicación, por ejemplo. Para una excelente comunicación se requiere maestría en la escucha. Y estar presente en la escucha, es una habilidad que se entrena. Un buen Coach plantea un escenario de aprendizaje para construir confianza. Mire, el lenguaje genera realidad, es decir lo que decimos crea un mundo. ¿Fuerte no? Cada vez que pronunciamos una palabra abrimos o cerramos posibilidades. El lenguaje NO es inocente, habla de quién habla.

La contradicción no construye confianza, la debilita. Más fuerte la contradicción más débil la confianza. El Coaching se basa en posibilitar y amplificar las aptitudes de quien lo solicita, recorriendo un camino donde los hechos se desarrollan en un marco de coherencia. La contradicción destruye la coherencia.

Para ponerle un ejemplo, si alguien le da un mensaje a los jóvenes sobre la importancia del estudio y el trabajo y después no se puede estudiar ni trabajar y además ese alguien se deshace en halagos con un sindicalista millonario que basa su poder en el apriete, imagínese que dilema se genera en los pensamientos de la juventud. Los Coaches trabajamos muy bien la coherencia entre voluntad y resultados.

El comportamiento pendular atenta contra el sentido de autoridad. También, sirve esta profesión para aprender a dar y recibir devoluciones sin tomarlo como algo personal y con el solo objeto de enaltecer las relaciones humanas. ¿Se da cuenta qué importante es el Coaching bien entendido? No es el management de los 90… a no confundir. 

El Coaching aborda el significado del poder. ¿Para qué queremos poder? En algunos casos, ayuda a resignificarlo y alinearlo con los fines deseados.

Por otro lado el Coaching acerca las nuevas distinciones del liderazgo en el mundo moderno que lejos está del caudillismo: trabajo en equipo basado en sistemas conversacionales y sistémicos y también, la diferencia entre un CEO y un LÍDER, por ejemplo.

Por último y para no aburrirlo, decirle que cuando alguien dice algo y no lo cumple es una declamación y también rompe con la confianza y la coherencia. Es como si alguien dijera, por ejemplo, que fulano es un asesino y luego se asocia con él.

Por eso, desde estas palabras quisiera invitarlo a tomar un café (pago yo), ya que quizás algo de este grupo de argentinos que trabajamos de Coaches, lo pueda ayudar aunque sea solo para no minimizar una profesión tan valorada en países vecinos que les va mejor que a nosotros, quizás porque están más abiertos a la hora de aprender y dirigir los destinos de la Patria.

Señor presidente, los políticos son empleados nuestros. Y usted es el primer empleado. Queremos empleados eficientes y capacitados, lejos de la improvisación y muy cerca de los intereses de la gente. Un país con la mitad de la población debajo de la línea de pobreza (responsable oficialismo y oposición) merece construir un destino diferente. De grandeza, no de pobreza. Y para eso, necesitamos preguntarnos  qué significa grandeza. Para eso, estamos los Coaches. No le decimos a nadie donde está parado, suponiendo que esté parado en algún lugar.

A la espera del café, con respeto.

Roberto Rossi

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